Claves del spanking

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“Átame”, pedía Almodóvar en su ya mítica película allá por 1990. Y a nosotros se nos hacía la boca agua fantaseando con todo lo que esa orden, concisa y exacta, podía dar de sí en una buena sesión de sexo. No en vano, sacar nuestro instinto más animal y liberar nuestros impulsos salvajes puede ser muy, muy estimulante en la cama. Arranquémonos la máscara de niños buenos y exploremos nuestro lado oscuro. Porque la violencia, bien entendida y en su justa medida, puede ser de lo más estimulante en las distancias cortas. Látigo, fusta y… ¡acción!

El “spanking” en pocas palabras

Ahora que empezábamos a controlar todo el vocabulario sexual en inglés con el que nos bombardean cada día, resulta que nos encontramos con una nueva palabreja. El “spanking” se ha colado con fuerza en nuestra lista de gustos en el sexo, así que se ha ganado a pulso un capítulo propio en este blog. Eso sí, antes de desgranar sus pormenores, hay que puntualizar -para aquellos a los que la lengua de Shakespeare les suene a chino mandarín- que esta etiqueta se refiere ni más ni menos que a los clásicos azotes en el culo. Vamos, que el “spanking” son los cachetes con los que tu madre te amenazaba cuando eras un churumbel y que, veinte años más tarde, te ponen como una moto. Y es que a muchos les resulta extremadamente excitante que su pareja les aplique un buen correctivo en la cama. Si te gusta el BDSM, seguro que sabes a qué me refiero. Si no, siempre estás a tiempo de averiguarlo. ¡Toma buena nota!

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Sexo duro, placer delicado

El sadomasoquismo triunfa cada vez más. Ya sea por el éxito cosechado por Cincuenta sombras de Grey y nuestras ganas de imitar a sus protagonistas o porque por fin nos hemos liberado de algunos tabúes, lo cierto es que son muchos los que se interesan por sus entresijos. El sexo duro puede ser el recurso ideal para aquellas parejas que buscan un revulsivo en su vida íntima, ayudándoles a descubrir otras facetas de su sexualidad y a redescubrirse mutuamente. También puede enfocarse como un simple juego de roles, con el sometimiento y la dominación como ejes principales. Lo más importante es que exista un acuerdo total a la hora de practicarlo, sin presiones, dudas ni obligaciones. Al fin y al cabo, debería tratarse de una experiencia placentera y en ningún caso traumática. Si te apetece practicar el spanking, no te cortes y díselo a tu pareja. ¡Seguro que el halo de transgresión del sado despierta sus fantasías ocultas! Los azotes, ya sean con la mano o con algún objeto (una fusta, un látigo o algún otro juguete especialmente diseñado para tal propósito, en definitiva azotadores) puede ser de intensidad variable. Dependiendo del nivel de los juegos y de cómo vayan desarrollándose los preliminares, irán haciéndose más fuertes. Eso sí, sin llegar a hacer daño a la otra persona. ¡No seáis brutos y aprovechéis para vengaros porque vuestra pareja se le ha quemado el arroz a mediodía!

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